Catar es probar con todos los sentidos un producto aplicando técnicas específicas para percibir, identificar y apreciar sus cualidades organolépticas.

Catar es al gusto lo que observar es a la vista. No es lo mismo ‘beber’ o ‘comer’ que ‘catar’, como tampoco es lo mismo ‘ver’ que ‘mirar’ ni es lo mismo ‘mirar’ que ‘observar’.

Circula por ahí una descripción de catar:
Degustar con atención un producto cuya calidad queremos apreciar sometiéndolo a nuestros sentidos y conocerlo buscando sus diferentes defectos y cualidades con el fin de expersarlos. En resumen, la cata es es: estudiar, analizar, describir, definir, juzgar y clasificar«. Pertenece a Jean Ribéreau-Gayon y Émile Peynaud, antiguos profesores del Instituto de Enología de la Universidad de Burdeos.

No le falta razón a esta definición pero no siempre se cata para juzgar o clasificar, a veces se cata un producto que ya está clasificado y lo que quieres es compararlo con otro del mismo estilo.